Friday, September 29, 2017

Nueva página web

A partir de este instante todas las publicaciones de Ricardo Lmpugnani se harán en la nueva página web: http://www.ricardolampugnani.com/search/label/en
Este blog continuará visible por un tiempo y luego será eliminado. ¡Muchas gracias!
Os espero en mi web

Tuesday, September 26, 2017

Queda poco tiempo....


Llevo este blog desde hace varios años. Reconozco que como bloggero he sido bastante poco constante y aun así, las entradas que he publicado han tenido una muy buena acogida. Sin embargo, todo cambia y en poco tiempo estrenaré web propia como escritor. En ella podrás disfrutar también de un blog con contenido gratuito, vídeos, podcasts, noticias y novedades. Una vez puesta la web en marcha, cerraré este espacio. No tiene sentido -y yo no tengo tiempo- para mantener dos blogs con contenido similar. Al ser una web, no hay seguidores por lo que te animo a utilizar la página de contacto para comunicarte conmigo. Ya pondré la nueva dirección en cuanto esté operativa y además te invito a que me sigas en:


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Estoy impaciente por invitarte a mi nueva casa. ¡Nos vemos en breve!




Tuesday, April 25, 2017

El deseo de Harrietta Plotter



«La magia existe, la magia existe», repitió mentalmente frente al espejo. Luego extrajo el trozo de rama que ocultaba entre su ropa y lo observó con detenimiento. Sin dudas, si había una varita mágica en el mundo, debería parecerse a esa. La había encontrado en la playa el fin de semana anterior. Estaba pulida por el agua y la arena, tenía una forma extraña, ondulante y debió esconderla para que su madre no la obligara a tirarla después de decir la frase que ella ya se sabía de memoria:
—¡Deja de juntar porquerías, que ya en casa no cabemos!

Ahora debía desear algo con todas sus fuerzas: ¿Princesa o desaparecer?
Muchas veces había soñado con tener el cuerpo esbelto de las princesas o de las modelos, o de algunas de sus compañeras de colegio que iban dejando un reguero de ojos admirados, a su paso. Y no esa funda recta de piel que la cubría y que solo tenía curvas a la altura del abdomen. Pero sabía de sobra que uno debe pensar muy bien en lo que desea. Bueno, eso le había dicho la abuela y siendo tan vieja como era, se suponía que algo debía de saber. Si desear ser princesa le iba a impedir treparse a los árboles, leer sus libros favoritos, comer helado o chocolate... O si ser princesa la obligaría a ordenar su habitación, prefería no serlo. Y si iba a ser como algunas de su clase que eran todo cuerpo, pero nada de cerebro... Quizás lo mejor era pedir la invisibilidad. Bueno, ya bastante invisible era para los chicos, para sus padres y para casi todo el mundo. Y es que el mundo le resultaba plano, chato y lleno de muggles. No había ninguna estación de trenes con un andén que se pudiese traspasar para acceder al mundo mágico y nadie a quien acudir para sacarla del aburrimiento de la vida real. ¡Se aburríaaaa! Salvo cuando penetraba en las historias que contaban sus libros, se aburría. Allí todo era posible. ¿Podía pedir transformarse en el personaje de su novela favorita? La respuesta la obtuvo del reflejo que su biblioteca proyectaba sobre el espejo. No quería quedar atrapada en un libro cerrado después de ser leído. Quizás podía pedir escribir sus propias historias para vivir vidas distintas a la suya, más emocionantes, con mucha magia, en las que el mundo fuese distinto y los muggles una especie en extinción. Pero ya lo había intentado y aunque tenía una imaginación desbordante, volcarla en palabras no era nada sencillo. Quizás lo mejor sería pedir encontrar a un sabio, o sabia —tanto le daba si era hombre o mujer—, que la guiara, que le dijese que la magia sí existe y la orientara para encontrar el lugar donde se oculta. Sin dudarlo, sacudió la rama frente al espejo y esperó. No sucedió nada. Volvió a repetir el proceso concentrándose aun más en el deseo. Tampoco pasó nada. Decepcionada, Harrietta decidió darse una ducha caliente, comerse un trozo de chocolate y meterse en la cama a leer. Estuvo a punto de deshacerse de la rama, pero tenía una forma bonita. Al menos serviría de decoración.
Cuando salió de la ducha, media hora después, todo estaba lleno de vapor. Al pasar frente al espejo empañado, le temblaron las piernas. Alguien había escrito en el cristal:

La magia está en tí

Tuesday, April 04, 2017

La revolución de los yogurines

Que no se me interprete mal. En España un «yogurín» es una persona joven y atractiva. Y hoy quiero referirme a una revolución de la que se habla poco, pero que lleva una marcha inexorable hacia un cambio cultural y en el caso que me ocupa: literario.


Quizás comenzó con la publicación de Harry Potter en 1997, una época en que los agoreros pronosticaban la muerte de la literatura infantil y juvenil. «Los niños no leen», decían. ¡Menos mal! Hoy, aquellos niños que no leían, consumen febrilmente cuatro o cinco libros al mes, tienen blogs de reseñas, escriben fanfiction de sus novelas favoritas y en muchos casos comienzan a transitar el camino de escribir sus propias historias. Creo que, por primera vez en la historia de la humanidad, se publican anualmente casi 2.100.000 libros al año en todo el mundo. Si los queréis sumar, os dejo el link: https://en.wikipedia.org/wiki/Books_published_per_country_per_year
Sin duda en este fenomenal número tiene mucho que ver la aparición de plataformas digitales como Amazon, y no es la única. La democratización de la cultura se ha transformado en un hecho innegable como también lo es la realidad de que no todo lo publicado tiene una calidad literaria aceptable. Sin embargo, las revoluciones son así: una inmensa marea caótica que lo arrasa todo y tras la cual, el panorama no vuelve jamás a ser el mismo.

¿Por qué se produce esta revolución?
Quizás una de las razones es que los grupos de poder han encorsetado a la cultura durante demasiado tiempo. Y cuando se rompe el corsé…
Puede que la misma globalización y el uso de las redes sociales haya acabado sumiendo en la soledad a millones de jóvenes. Y ante un mundo que no ofrece lo que queremos, el refugio es evadirse de la realidad. Algunos se sumergen en el alcohol y las drogas, otros muchos —por suerte— en la fantasía.
Incluso es probable que la precarización laboral, la enorme y larga crisis global del sistema, haya colaborado a ello. Es cierto, puedes maquillar mucho a un viejo decrépito con burbujas inmobiliarias o financieras, pero no deja de ser viejo y decrépito.
Sean cuales fueren las causas, yo estoy muy contento con esta revolución. Creo que después que pase la gran ola, quedará un terreno fértil y fecundo. ¡Necesitamos aire fresco!
Yo he pasado la etapa de yogurín hace mucho y debo decir en descargo de mi generación, que nosotros también intentamos hacer nuestra revolución, y… fuimos vencidos. Por ello me encanta que haya otra y si triunfa, será también nuestro triunfo.

Quisiera entonces animar a quienes leen, no importa qué tipo de novelas, a quienes hacen reseñas en blogs —mientras sean independientes— (porque si una editorial te paga, no puedes decir lo que quieres). No importa si alguien las lee o si tienes muchos seguidores; leer un libro y hacer su crítica es una formidable manera de crear una personalidad objetiva.
A quienes escriben, ¡adelante! Eso sí, tened en cuenta que la literatura es un arte y un oficio. Y como tal, necesita años de práctica para dominarla. Si pensamos que lo único real que tenemos en esta vida es tiempo… tampoco importa demasiado.


A los yogurines en general —jóvenes y espléndidos—, hayáis comenzado o no con Harry Potter, deciros que «la magia» realmente existe. No aquella de varitas, escobas que vuelan y escuelas como Hogwarts, sino una mucho más verdadera y potente: la que anida en vosotros mismos. Y también existen los muggles, que son muchos y siempre intentarán meteros en el hueco de una escalera. 

Thursday, February 16, 2017

¿Y usted qué desea?

Supongo que ante la pregunta, habrá distintas respuestas. Y dependerá tal vez de si usted es hombre o mujer, de si es rico o pobre, de si es joven o viejo, saludable o endeble... Y vaya a saber cuántas variables más.

Con seguridad un indigente deseará un techo, el hambriento una comida caliente, los solteros una pareja, los famosos intimidad, los insignificantes notoriedad, los ricos trascender y los enfermos salud. Un desocupado deseará trabajo, el trabajador vacaciones y el viejo juventud.
Todos deseamos algo que nos falta.
La vida está hecha de deseos.
O como dice Agustí Marcel en El viatge de tornada: «Me alegro de descubrir el secreto de la vida: el deseo.
Vamos a cambiar la pregunta.

¿Qué desearía usted si hoy fuese el último día de su vida?

No vale la trampa de desear un día más.

¡Se acabó!

Al pensar en la posibilidad, estoy seguro que su mente se dirigió a los afectos y a disfrutar del tiempo que le queda.
Bien, dos cosas que no pueden comprarse ni alquilarse. Dos elementos que tienen que ver con amar, amarse y ser amado.

Es uno de los reproches que más se hacen las personas en sus últimas horas de vida.

¿Por qué no he sido más feliz?

Nadie se acuerda de la casa, la intimidad, la notoriedad, el Porsche, el trabajo, las vacaciones... 
Con lo cual descartemos que algunas de esas cosas que nos faltan, puedan hacernos felices. Y no digo que no sea lícito desearlas. Pero cambiar un fin por un medio es cosa de tontos.
Ser feliz es un estado de la conciencia, un pensamiento infantil de que hoy es todo lo que podría ser y mañana será todavía mejor.


¿Qué usted sería feliz con un coche nuevo?

¿Qué usted sería feliz con una abultada cuenta bancaria?

Siento decirle que a eso se le llama prosperidad.
Y no todos los prósperos son felices.

Pero sí, todos los felices son prósperos.

Los felices son personas ilusionadas.

Y quienes no tienen ilusiones, están llenos de deseos.
Puede que este post le parezca un juego de palabras. ¡Créame! No lo es.
Como dice la publicidad de un conocido vermut: Nos es dada una cierta riqueza que se cuenta en tiempo. Y depende de nosotros cómo lo invertimos o lo gastamos.
Lo más sabio es hacerlo de tal manera que el último día de nuestra vida, no nos quede nada por desear.
¡Qué sea muy feliz!   💚💜💛💗💙

Sunday, February 05, 2017

¡Cuidado! La lectura de este post puede afectar su visión... de la realidad



Todo el mundo sabe que, para que un burro tire del carro hay que ponerle una zanahoria adelante.

El burro cree que algún día alcanzará la zanahoria.

El amo le repite que seguramente mañana tendrá más fuerza. ¡Es que hoy casi la atrapa! La zanahoria que oscilaba pendiendo del palo, sobre su cabeza, tocó su hocico. Esa noche, el asno sueña con la zanahoria y corre por un prado verde hacia una montaña de zanahorias dulces y jugosas.
Al día siguiente, el amo tiene todo preparado para que siga la esperanza: ata el borrico al carro, cuelga la zanahoria del palo y se acomoda canturreando. Ya puede pensar en lo que ganará vendiendo los huevos en el mercado de Vera, que mientras tanto el carro va para adelante.
El burro solo tiene rebuznos para su zanahoria y hoy seguro que la alcanza. A él le han contado de muchos burros que han alcanzado la zanahoria. Es el tema de conversación con otros jumentos cuando el amo lo deja pastando a las afueras de Vera, mientras él vende los huevos.
Ese sábado ha sido excepcional y al hombre le da pena su burro, entonces cuando llegan a la casa, le da la zanahoria.
«Se conforma con poco», piensa el hombre. «Basta una zanahoria para hacerlo feliz»
—Pensar que te he tenido cuatro meses prometiéndote la zanahoria —le dice al burro, pensando que la bestia no entiende.
—¡Qué eres un tonto, hijo mío! —le sigue diciendo al pobre animal y… durante otros cuatro meses vuelve a ponerle la zanahoria delante.
¿Quiere que enumeremos las zanahorias?

Coche.
Casa
Dinero.
Vacaciones.
Home Cinema.
Ipad.
Tablet.
Prestigio.
Poder.
Crucero.
Velero.
Educación de los hijos.
Muebles nuevos.
Juventud eterna.
Vejez tranquila.
Salud.
Hay muchísimas más, para todos los gustos de todos los burros.
¿Me está llamando burro?
Depende.
Si usted tira del carro para intentar coger la zanahoria, sí. Le estoy llamando burro y además un burro con un estrés que le sale por las orejas.

La idea es simple y efectiva.
Si usted se esfuerza lo suficiente, agacha la cabeza lo necesario, adula lo conveniente y acepta renunciar a cualquier derecho que le corresponda en beneficio de la empresa… ¡Usted conseguirá su zanahoria!
Pero… ¡apresúrese! El puesto solo está disponible para edades entre 30 y 40 años, con experiencia demostrable de al menos 5 años en puesto similar, conocimientos de inglés, francés, alemán, turco, chino y ruso, hablado y escrito. Se requiere buena presencia, don de gentes, disponibilidad para trasladarse al Polo Norte, carnet de conducir…
Supongo que será para trabajar de ayudante de Papá Noel.
¡Tómelo o déjelo! Detrás suyo hay una cola interminable de burros que quieren ocupar su lugar.
Pero además el sistema no funciona. Lo dicen los expertos, es una verdad a voces. El sistema económico actual no puede evitar una crisis detrás de la otra. Entonces se han inventado una zanahoria que no tiene desperdicio:
«Las crisis son una oportunidad para crecer»
¡Vaya chorrada!
Y entonces los burros duplican su sobresfuerzo —y su estrés—, para ver si entran en el privilegiado círculo de los genios que han conseguido crecer durante una crisis…
Es decir que no solo quienes crearon el problema y se han beneficiado de él, no pueden solucionarlo, sino que le pasan la pelota a usted y a mí para que no se les acabe el chollo.
Vale, entonces… Para evitar el distrés, ¿no trabajo?
No, no.
Digo que el trabajo es un medio para llegar al objetivo. Al suyo, no al del sistema.
¿Cuál es su objetivo?
Porque si el objetivo es conseguir la zanahoria no tendrá más remedio que convertirse en burro.
Pero, es que yo estudié Administración de Empresas y el único trabajo que encontré es de camarera en un bar de tapas.
¡Perfecto!
Y me he pasado meses enviando currículums para nada.
¡Muy bien!
¿Muy bien qué? ¿De qué me sirve la experiencia en un bar de tapas?
Si lo piensa con detenimiento, de mucho. Usted tiene su primera gran empresa para administrar… Su vida. Y no encontrará otra más importante.
¡Sea su propia gerente!
Si del sueldo de camarera es capaz de sacar para gastos y además puede pagarse algún seminario, un curso de lo que le interese… Es usted muy buena administradora.
Si del poco tiempo que le queda, logra extraer algunas horas para investigar, buscar ideas nuevas, estudiar las tendencias de su profesión… ¡Usted ya es una genio!
Vale, pero sigo trabajando de camarera.
Sí, pero ha cambiado su punto de vista respecto a encontrar trabajo de lo que sabe hacer. Ahora está invirtiendo X horas de su día para financiar sus objetivos y, además comer, que será muy prosaico, pero también necesario.
Asimismo, tiene una oportunidad inmejorable de optimizar recursos. El trabajo de camarera es agotador porque ha de estar de pie todo el tiempo y caminando cada vez que la soliciten o tenga que llevar un pedido. Busque la manera de hacer menos viajes, cuando lleve un pedido asegúrese que las mesas que usted atiende no necesitan nada… ¡Gestión de recursos! Usted no puede quemar toda su energía por un magro sueldo. Luego del trabajo deben quedarle ganas y fuerzas para estudiar, ir a una conferencia… Y si lo piensa un poco, tiene otro beneficio: El trato con la gente suele ser muy poco gratificante y, menos aun cuando usted está al servicio de… Aproveche entonces la oportunidad para mejorar su programación neurolingüística, estudie las actitudes de sus clientes, desarrolle la empatía. En una empresa donde deba administrar los recursos y decir No a peticiones más que válidas… Todo eso le será de suma utilidad.
Lo que no le recomiendo en absoluto es que intente poner sus conocimientos al servicio del bar de tapas.
¿Por qué?
Porque su objetivo no es administrar bares de tapas. Y puede que su jefe sea tan solo otro burro que tira del carro para ver si puede conseguir su zanahoria de comprarse una casa en la playa…
Lo importante, además de todo lo anterior es que usted ha hecho que el estrés juegue a su favor. En lugar de angustiarse porque no encuentra un trabajo mejor, de distresarse porque pasa el tiempo y usted no ejerce de lo que ha estudiado. ¡Usted está practicando para convertirse en una muy buena gestora de empresas!
Y no hay nada más apasionante que trabajar para ser la mejor versión de uno mismo. 


Y… quizás hasta sea interesante que usted lo inserte en su CV cuando lo envíe a alguna empresa. A veces, entre tanto postulante altamente cualificado, los seleccionadores buscan alguien distinto.
Extraídon de: Estrés. Manual del usuario para seres humanos © 

Sunday, January 15, 2017

Cualquier sistema es bueno, son las personas las que lo prostituyen.


Cuando buscaba material para mi último libro —aun no editado— sobre el estrés, di con un estudio de la Sociedad Americana de Psicología. En él se concluía que, las dos causas mayoritarias de estrés negativo en la generación denominada Millenials eran el trabajo y el dinero.
Y casualmente tanto uno como otro no tienen que ver con el ser humano en sí sino con el sistema en el que vivimos.
¿Es entonces el sistema responsable de nuestros mayores males?
Pese a ser muy crítico y, a ser considerado en muchos círculos, como un antisistema, debo decir que NO.
El bendito SISTEMA es tan solo la manera en la que los seres humanos han decidido organizarse para llevar adelante su especie.
¡No han venido los extraterrestres a imponernos sus ideologías!

Y a lo largo de los siglos se han probado unos cuantos:
·         Los reinos.
·         Las ciudades estado.
·         Las confederaciones.
·         El fascismo.
·         El nacionalismo.
·         El comunismo.
·         El capitalismo.
·         Los imperios.
·         La democracia.
Perdone el lector si no los he enumerado todos. Tampoco es mi intención hacerlo. El sistema es el que es y todos pueden funcionar muy bien si las personas que los llevan adelante tienen interés en que así sea.
Recuerdo que un lector comentó hace tiempo que «el ser humano es corrupto»
Estoy en total desacuerdo.
El ser humano es corrompible.
Mi abuelo decía:
«Los hombres pobres e insignificantes casi siempre son buenos».
Y agregaba después de una pausa:
«Dale a un hombre, pobre o insignificante, dinero o poder y verás lo que siempre ha sido en su interior».
Destaco:
«Lo que siempre ha sido en su interior».
La primera conclusión que seguramente viene a su cabeza es que, si eliminamos a los corruptos, el sistema vuelve a funcionar correctamente.
Lamento decirle que no es así.
No basta con eliminar a los corruptos.
Decía Edmund Burke[1]:

«Cuando los hombres malos se combinan, el bien debe asociarse. De lo contrario caerán uno a uno, un sacrificio sin castigo en una lucha despreciable».

Es que en general los malos y los corruptos son mediocres y necesitan tejer una trama que consolide sus posiciones. Desde allí van contaminando todo lo que se pone a su alcance.
Los llamados hombres buenos, suelen ser definidos por no hacer daño a nadie.
—Mientras no me molesten o se metan conmigo... —suelen decir.
¡Craso error!
«Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar»
No confundamos bondad con desidia, comodidad o indiferencia. Para mí, estos tres defectos pueden englobarse en un concepto: Inconsciencia.
No estoy de acuerdo con Einstein en su famosa frase:
«El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad.»
En realidad el mundo está en peligro por las malas personas y la trama de poder y corrupción que han generado. Quiens lo permiten es porque son inconscientes o porque no pueden hacer nada al respecto.
La inconsciencia es una enfermedad que se cura con autoconocimiento y ese es un medicamento que los corruptos aborrecen.
Yo sé quién soy yo...
¿Quién es usted?



[1] Escritor, filósofo y político irlandés (1729 -1797)

New Realase!!!

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